Cartel: Lógica Colectiva, Clínica Nodal. Acerca del trabajo Institucional en Red

Por la Lic.Claudia López.

¿Qué es escribir?, ¿Qué aspectos subjetivos se articulan en la escritura?

La escritura no es sin bordear el cuerpo, ella le da forma con sus trazos y marcas. La escritura deja huellas que expresan el deseo de un sujeto hablante: “hablo de aquello que acontece en uno”, se escribe desde el lugar como sujeto.

En la escritura se deja traslucir el “Otro”, ¿qué dejó el Otro?, ¿qué se hace o se hiso con ese Otro que habita en el sujeto? En cada acto de escritura se suelta a ese Otro, se escribe para liberarse, se escribe desde la particularidad subjetiva.

El texto ya no es de uno, está para el Otro, para ser leído, trabajado y transformado. La posibilidad de escribir es un don trasmitido. Circula entre otros, otros que se dejan tocar y atravesar por lo dicho. Gracias a la escritura hay trasmisión, ésta hace parte de lo simbólico, busca puentes, intersecciones, arma lazo. Se apuesta a la escritura como andamiaje del lazo, lazo que no se suelta y se articula en lo escrito.

La escritura viene a rodear la falta en el ser, pero no la llena ni la ocupa, la delimita y en ese límite calma, apacigua la sed de ser, de ocupar un lugar, una existencia.

En este proceso de escribir, se busca dejar el camino difícil impuesto por la razón y dar lugar a las líneas trazadas por el deseo: “el inconsciente”, él es el camino para propiciar la la escritura, el inconsciente se escribe y escribe, él es la guía. Sin embargo, cuán atado se puede estar, sin seguir sus pasos.

El texto surge desde el inconsciente que habita en uno, surgen ideas, palabras, significantes, sueños, recortes, voces.

Escribir es abrir surcos, producir vetas, contrastes y similitudes. Es entregar la imagen, la ilusión del ser para pasar a ser parte integrante en una comunidad con lo propio de una cultura.

Cuando se entrega la imagen, se da un movimiento, escribir es pasar de la imagen a la marca, al molde, a la huella que son letras, signos, símbolos que nos asisten y llegan a los otros para ser leídos.

¿Por qué asusta escribir?

Porque escribir es atreverse a ser y ser es poner el nombre en el espacio que se habita, escribir calma la ansiedad, aquella que surge del vacío, vacío de existencia.

El bebe llora y la madre descifra su llanto, interpreta y re- escribe qué quiere decir según su propio mundo. Entonces, el acto de escritura es el desciframiento de lo que existe como deseo desarticulado y lo que viene del otro, con ese vaivén de uno y del otro se obtiene un escrito.

Cuando alguien parte, deja de inscribir su voz pero “Lo escrito, escrito está”, no se puede borrar y si se lo borra, un nuevo escrito aparece, algo cambió. “Voy a…..parto, no voy a estar, estaré en otro sitio”. Esta escritura deja un lugar vacío, ya el pensamiento no se ocupa de él, es otro tiempo, este otro que no está permite que se instale un otro distinto. Partió, ahora, se está sin él, estar con uno mismo permite escribir.

¿Existir para uno mismo o para el otro? ¿Se mueve o lo mueven? ¿Se debe hacer o hay un deseo de hacer? Estas son las preguntas que se suscitan en el ser causado por la división subjetiva.

La escritura es un recorte, recorta el lugar propio, se abre y se cierra, va para un lado, va para otro, sube y baja, arma nudos, liga y convoca, une a los otros, hace lazo con los otros como hacen lazo las letras que se unen entre sí y los sonidos de una canción.

Escribir en Páremai

Ahora bien, se trata de escribir desde la búsqueda de ser uno más en Páremai, sujeto que despliega su sinthome para ser leído y hacer transferencia con la fundación que lee desde varios lugares. El sujeto haced red con la institución, se construye “uno más”. En Páremai se es, se aporta, se da, es decir se construye un lugar subjetivo.

En el Dispositivo a Padres, se escucha a padres, a mis padres, me escucho como madre, como padre, desde la función que se ejerce. Dispositivo a padres, lugar donde la crianza se despliega y abre posibilidades como un abanico que muestra un aspecto de ser madre, de ser padre, “el saber, no saber”, “la pregunta por cada hijo/a”,” lo posible y lo imposible de ser padre- de ser madre”.

Por otro lado, ¿Qué se escucha? ¿Qué se lee en la escucha? Palabras, gestos y decires de los padres. Esta lectura se descifra porque es también escritura, lectura que muestra en espejo los lugares donde ese Otro se situó en el sujeto, sujeto partícipe de los distintos lugares ofrecidos por Páremai, ese sujeto está llamado a inscribirse en la comunidad y participar de una cultura.

En Páremai se articulan distintos lugares, ¿cómo se articula el dispositivo a padres con los otros lugares? ¿Qué moviliza este lugar, qué circula en esa dinámica? Distintos lugares que hacen al psicoanálisis en red: Dispositivo a padres, Espacio Lúdico Terapéutico y espacios de clínica entre otros….

En el Dispositivo a padres, se acompaña el devenir de ser padre, de ser madre y las vicisitudes de cómo hacerse cargo de esta función. De igual manera, puede producirse un movimiento subjetivo, una demanda de análisis puede gestarse.

Por otro lado, en Páremai se propicia el despliegue del sinthome, leído y descifrado en lo simbólico, en el lugar de la palabra, significante que se anuda en un cuarto nudo: la institución.

Ahora bien, lo real bombardea, Páremai se hace cargo de ese real, intenta articular ese real, arma clave con el real, clave en red, inconsciente a inconsciente, escritura en red que soporta las fracturas de lo real, a saber los fragmentos, las partes, que vez a vez se irán articulando hasta un punto de cierre, cierre de una estructura y apertura de otra. De igual manera, esta lectura se realiza a partir de tres tiempos: instante de ver, comprender y concluir, buscando en el acertijo, cómo decir lo que veo, luego el acto de comprender concluye con la escritura, con una nueva creación.

Algo más acerca de la escritura:…..

Parece un volver atrás, pero sólo se retrocede y se da un paso más: el ser se libera al escribir, aunque se padece todavía la sensación de imposibilidad y la presencia de la equivocación en pasos erróneos. Sin embargo, éstos no lo son, porque al enfrentarse a ellos se observan signos de búsquedas nuevas que dan la pista de los giros por buscar y dar aún. Desplazamiento, movimiento: sentarse uno al lado de otro, Páremai.

En este recorrido, por momentos se tienen evidencias de claridad, pues el miedo que no deja ver, cede y desaparece. Se ha dejado la seguridad, ahora adviene cierta oscuridad de ser pero se tiene conciencia del padecimiento anterior, de una falsa seguridad, falso acomodo del ser y apariencia engañosa, inmovilizadora.

Hoy por hoy, se percibe un movimiento diferente en el tiempo, éste, tiene la dimensión de ser un instante y se va. Pero, a esos instantes se debe atender, en ese momento aparece algo del sujeto, del deseo y se da forma a la subjetividad, a la particularidad y se piensa diferente de otros. Son oscilaciones casi imperceptibles, se adelanta, se avanza y allí se deja: “un escrito”.

La escritura permite dar forma a los sentimientos que no dejan caminar. Acompaña hoy, como un acto de liberación, liberarse de aquello no descifrado y oculto. La escritura da sentido a lo sucedido, descifra lo indescifrable: tormentos, escenas temidas que asustan y persiguen, ahogando casi la existencia.

No obstante, frente a la amenaza de desaparecer por la demanda del otro de aferrarse a uno, al cuerpo, y convertirse en deseo propio, advienen las preguntas: ¿cómo se instala el sujeto?, ¿cómo se habita el propio cuerpo sin dejar de ser habitado por el otro ?, ¿en donde se percibe la diferencia ?, ¿hay espacio para habitarse y habitar?

Páremai es una fundación donde se está con otro, pero al lado, relación en la que el sujeto se da una posición donde no hay confusión ni mezcla, hay límites.

En Páremai, aparecen las preguntas que orientan el camino de la búsqueda interior: ¿qué constituye lo particular de cada uno?, ¿qué ilumina el recorrido? ¿Por dónde se iba, por dónde se va?

Páremai es una fundación que instala un movimiento personal. Se va por aquí, se va por allá, se encuentran lugares y funciones que se articulan para dar vida al decir de los otros y al cuidado de otros. Escritura de anudamiento de lo real, lo imaginario y lo simbólico. Escritura en red, que teje en diferentes texturas con lanas y agujas. Ondulaciones para arriba – abajo, tejido que une y desune, tejido que vuelve, retoma, teje y desteje.

Red de nudos con agujeros que sostienen, lo amarrado no se cae porque la escritura soporta con un conjunto de operaciones impredecibles e imprescindibles lo real. Sobrelleva con lógicas que implican una simultaneidad de posiciones reversibles, idas y vueltas.

Con la nominación se anuda la red y se aproxima a lo imposible, a lo real. Nudos, vueltas, circuitos, son los recorridos que se transitan dejando marcas que traducen la lógica del deseo de quienes participan en ese entramado simbólico. Finalmente, la institución nombra, el sujeto es nombrado por la institución, desempeña una función, en este anudamiento aparece el sinthome que dice de un sujeto que toma y se deja tomar en un cuarto nudo, por eso no queda suelto, está sostenido.

De otra parte, el tejido institucional va enlazando, lo materno y lo paterno. Lo materno nutre y atrapa, sin sus nutrientes no podemos vivir pero igual se necesita una salida, un lugar, lo paterno castra, delimita. Ambas posiciones son ineludibles, el sujeto está escindido, así se funciona con la división subjetiva.

Algunas palabras sobre las funciones materna – paterna

En un tiempo accidental, la presencia de otro es un constante ruido, ruido sin sentido que no produce letras ni palabras. Al contrario, al descifrar sus notas y decires sobreviene una gran desilusión, porque nada se construyó, ni ligó, sólo existe el placer efímero de un encuentro, cuerpo al lado de otro cuerpo, sin articular deseos de estar. Un estar que quiere sortear la vida, que quiere ser atravesado por el otro, por el cuerpo, por el sentir, por la mirada y por la palabra. Por eso, el encuentro huidizo, se escapa, no quiere articularse, es decir este encuentro no representa: “un estar junto a”

La tristeza acontecida por lo fallido del encuentro es consecuencia de las palabras que no unen. Sin embargo, esta desunión tiene un gran efecto, la libertad de seguir en búsqueda, la soledad que siempre produce y crea.

Deseo de ser y estar con otro, ¿cuán largo es el camino de la soledad? No hay miedo en ella, hay esperanza, puertas que se abren, un sol que irradia la mañana.

Por otro lado, en este trayecto en el cual se está, la representación de una función de corte, emite fuerza y empuje. Este es el significante paterno, significante que se busca para nombrarlo. No es un cuerpo real lo que se busca, es su representación. La muerte simbólica se enlaza a la vida y trae como efecto el sujeto, que no es sin división entre el saber y la verdad.

De otra parte, desde el comienzo de la vida, la Función materna cubre y nutre el cuerpo llenando los agujeros, sin embargo algunas veces puede dejar el exceso y la falta necesaria para vivir y desear, queda cubierta. Es así como no se sabe de ésta, ni hacer con ella lo necesario cuando aparece, entonces se busca esperando un semblante ilusorio que proteja.

Frente al vacío de la falta y la inseguridad de su efecto, se hace síntoma como una escritura. Tal vez algo en la ausencia se intenta recobrar. La escritura, es tal vez un intento de aclarar, de saber que algo se ha perdido. Vale la pena esa pérdida, ya se sabe de la ausencia, ausencia que da lugar a la creación.

Creación que acontece en y con otros, ser con otros, ser en comunidad, en una institución en red.

Lo imaginario….lo simbólico

Ante la presencia de la gran confusión de lo imaginario, el desamparo emerge en el sujeto, invade el sin sentido de la ausencia de lo simbólico, del nombre, de aquello que anuda. Y es así como en ese habitar de lo imaginario hay un desplazamiento de imágenes de una a otra, algunas muy feroces y audaces. Todo fluye sin parar, las fantasías que bombardean la imagen crecen sin medida dejándose captar por ella, el cuerpo no es uno, ha perdido su unidad e integración.

¿Cómo queda el sujeto, si es que todavía lo hay, cuando un significante toca aquello del orden de lo íntimo? Desnudo frente al otro. Entonces, ¿cómo se protege eso íntimo, cómo se abriga al significante fundamental que nombra en una institución?

Por eso, el encuentro con un significante paterno, permite que todo se re-ubique. Una unidad que arme ese cuerpo, límite que aparece y ordena, todo vuelve a tener sentido y el texto se comprende, pero es necesario el reposo, algo de “0” algo de muerte, en ese punto se empieza a gestar lo nuevo.

De igual modo, junto al gran despliegue de proyecciones, el sujeto ubicado desde el lugar de corte, produce un vacío, una ruptura que puede dar lugar a una producción nueva, neo creación. Y ahora sí, bienvenidas las preguntas: ¿qué soy para el otro? ¿Qué quiere el otro de mí? ¿Si soy el deseo del otro, cuál es el deseo propio?

El sujeto responde desde su falta y eso propicia la separación, separación que permite la aparición de otro significante, movimiento de búsqueda, de preguntas.

Por otro lado, el efecto de lo fundacional del nombre, ubica al sujeto en una nueva relación, nuevo vínculo con el otro. El sujeto se concibe como sujetado, sujetado en la institución, barrado, castrado y es allí desde donde produce lo simbólico, el saber hacer en la institución. El saber hacer de un análisis en Páremai, análisis en red, trabajo en red, sujeto colectivo.

Claudia López.

19 de octubre de 2015.

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